2/04/2006

OPINION DE ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL

Sr. Juan Solanas

Reciba el saludo fraterno de Paz y Bien.

Habiendo asistido a la proyección del film NORDESTE, quiero expresarle el agradecimiento por el coraje y testimonio de mostrar el rostro de nuestra sociedad, desde un lugar en particular del nordeste argentino, acosado por la pobreza, la exclusión social y el desamparo de miles de seres humanos que una sociedad violenta e injusta condena al olvido, tratando de ocultar esa lacerante realidad.

Recuerdo a Oscar Wilde que dice: “hipócrita es aquel que conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna”; precio y valor no son lo mismo.

El dinero jamás puede comprar la dignidad humana. El film es un llamado a la conciencia. Rescata de los olvidos intencionados la lucha por la vida y la dignidad. En todo el desarrollo argumental hay una fuerza conductora, conmovedora y a la vez dramática, semejante a los ríos subterráneos que en un momento determinado emergen a la superficie. Es la fuerza del Amor, de esa madre que en su pobreza y desamparo lucha por darle una vida digna a su hijo.

La calidad artística y el mensaje son de excelente belleza, sin buscar en ningún momento provocar y especular con las heridas de nuestra sociedad. Señala con sobriedad el despojo que sufren los pobres por personas que vienen de otros países y en forma ilegal buscan comprar niños, cometiendo el delito del tráfico aberrante, que no se puede hacer sin la complicidad de sectores de la sociedad y de funcionarios inescrupulosos, que sin valores ni ética alguna venden, como mera mercancía, a seres humanos con total y absoluta impunidad. Niños y niñas que crecen en la indigencia y el abandono, son víctimas de la violencia social y estructural, de las drogas y la prostitución.

El film señala el drama cotidiano de la vida, el saqueo de las tierras por terratenientes y empresas transnacionales que no vacilan en expulsar, amenazar y muchas veces matar a indígenas y campesinos, con la complicidad de gobernantes, jueces y policías.

Es necesario que el pueblo pueda ver ese rostro de nuestra sociedad, que los jóvenes puedan analizar y comprender, y tal vez verse reflejados. El film es un alegato a la dignidad humana, a la vida, a la vigencia de los derechos humanos y es necesario que se pueda difundir en los ámbitos educativos; que permitan generar conciencias críticas y valores de hombres y mujeres para la libertad y la dignidad humana.

Al emerger los ríos subterráneos, señalan el camino para recuperar la esperanza y desarrollar la solidaridad. Y el aporte que NORDESTE hace a la sociedad, es como una deuda pendiente que, a través de la película, se trata de saldar en parte para recuperar valores, la honestidad, la verdad. Es lo que necesita la sociedad argentina, profundamente dañada por la falta de políticas adecuadas y solidarias que se dirijan a restablecer el derecho de todo hombre y mujer a superar la marginalidad, al hambre, la pobreza y que los chicos y chicas de nuestro país le puedan sonreír a la vida.

Gracias Juan por su aporte y esa mirada hacia adentro, hacia la conciencia y el corazón de nuestro pueblo.

Es preocupante que los responsables de la clasificación de las películas la señalen como apta para 16 años cuando debería ser de interés desde los 13 años donde los chicos comienzan a tomar conciencia y responsabilidades en la vida. Por ello es muy importante que el film Nordeste sea declarado de interés educativo y cultural. A pesar que muestra el drama y dolor de un pueblo, es una luz de fuerza y esperanza para todos.

Fraternalmente.


Adolfo Pérez Esquivel

Buenos Aires, 7 de octubre del 2005

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